jueves, 5 de octubre de 2023

VIVIR EN UN FARO

 

Sabes cariño, a veces tengo la sensación de que vivimos en un faro. Lo cierto es que siempre me han despertado curiosidad, la vida de los fareros, piénsalo, estás ahí solo, de noche, con el mar tratando de imponerse una y otra vez contra las rocas, y tu única misión es que esas tenues luces que ves a lo lejos, barcos que no sabes absolutamente nada sobre ellos, ni de dónde vienen, ni cuál es su destino, pero tienes que evitar que se hagan añicos contra tierra firme. 

Tu deber como farero es que sigan su camino sin tropezar, eres su guía, su hoja de ruta, su seguro de vida y literalmente hablando; la luz que les guía en la oscuridad de la noche. Ellos tampoco saben quién eres, ni cómo te llamas, pero deben confiar en que estás ahí para protegerlos, para que hasta en la noche más cruelmente oscura haya alguien señalándoles el camino.

Ahora, en tu imaginación, cambia los barcos que se ven a lo lejos del mar por nuestra hija y métete en el faro conmigo, como en la imagen. Ahora tú y yo somos fareros. ¿Cobra sentido, verdad? Somos esas personas en las que ella siempre confiará, esas personas que aunque la mar ruga brava, aguantaremos juntos la tempestad, y no fallaremos nunca, para que esa luz que le sirve de guía siempre esté cuando la necesite, cuando la mar sacuda su barco, lo vire bruscamente y lo intente hundir, ahí estaremos nosotros...

Fantasías e historias de alta mar aparte... sí, hoy ya han pasado seis años desde que decidimos hacernos fareros, iniciar esta apasionante aventura juntos, la de formar un hogar, construir un faro para algún día, guiar a otra persona por los mares de la vida. Que sigamos fuertes, con la ilusión de siempre, la calma y la serenidad que nos caracteriza, que no nos falte un beso, ni una sonrisa, ni calor en casa, ni una caricia, porque todo eso es lo que mantiene viva la luz que guía nuestro preciado barco.

Sabes cariño, a veces tengo la sensación de que vivimos en un faro.