Algún día estoy seguro que trasnoché. Recuerdo más de una noche adulterada con adrenalina. Madrid se me quedaba pequeño y cualquier lugar estaba al lado, a golpe de acelerador. Recorría La Castellana como el pasillo de casa, los miradores del extrarradio me recogían y disipaban los humos, y las azoteas del centro eran explosiones de vida. Creo que nunca me latió tan fuerte el corazón. Si me lees, ojalá hayas sentido lo mismo, y si no sabes de lo que hablo; enamórate fuerte algún día. Morir sin haberlo hecho es desperdiciar una parte de ti.
Han pasado ya algunos años, pero Campanilla sigue presente en las noches, siempre queda una luz encendida que ilumina las decisiones, siempre ella. Qué auténtica y maravillosa, qué orgullo de verte cada mañana, qué poco pienso en lo valientes que fuimos y qué decisión mas afortunada la nuestra. Fantaseo con mis recuerdos cuando paseo y sonrío siempre, será que no hay nada malo que recordarte.
Ya es madrugada, y aunque no es tarde son las 00:39, suficiente para que los ojos me pidan tregua. Apaleo los pensamientos de mañana y los adormezco, que no me apetece pensar, solo quiero dormir. Te busco con los pies, siempre estás ahí, me arrimo más y te abrazo, qué vicio. Un beso en lo alto de tu espalda y un te quiero son la traca final a este día tan normal de esta vida perfecta.
