Hacía tiempo que no encontraba el momento de sentarme a desenredar el tiempo, y nada, hoy ya tocaba. Llegas a casa y me dices que te queda toda la vida por delante, que ya no tienes miedo, que no te asusta nada, y que has sacado de nuevo la valiente que llevabas escondida bajo las alas. Enloquezco al escucharte, aunque mentiría si dijera que no lo sabía. Tú, estás aquí para vivir, para volar siempre muy alto.
Nada te iba a parar, y con esas ganas de trenzar emociones... sólo había una opción, que esto fuera bien. Ahora sí, ya estás lista para todo lo que te espera, para emocionarte sin miedo y para disfrutar sin pensar en lo que podría o no pasar. Pues ya no va a pasar nada, nada.
Siempre llevarás una emoción guardada en ti, algo que siempre conservarás y que te ayudara a andar cuando no lleves nada en los pies. Deja que esta vida se pegue a tu piel como la arena de las playas de Lanzarote, y cuando alguien te pregunte: -¿A qué tienes miedo? Ya sabes tu respuesta: -A nada.
