Cantidad de historias que han pasado estos meses. No se ha quedado nada por las esquinas y todo a corrido por las calles como agua de lluvia. Ahora mismo los pájaros se refugian en los aleros de los tejados y los gatos se esconden bajo los coches para no mojarse. No debería decirte esto, pero se te ve cansadamente feliz.
Por los bosques encantados de rivera, al atardecer, cuando los rayos de luz se cuelan entre los alisos y rebotan en el agua que cae por los arroyos, se juntan las hadas a hablar sobre las setas, y dicen que no has perdido las ganas de sonreír, que has dejado atrás muchas leguas de viaje, y muchos latidos emocionantes, y que todo esto te ha llevado hasta aquí. Que tus días no se pierden entre suspiros, solo navegan entre guijarros. Dicen que ya no te estremeces al hablar del olvido, y que tiemblas de ilusión si alzas la vista a la luna.
Anoche el olor a petricor se colaba por la ventana del salón, la que da a la calle, y la luz tenue de la lampara de la esquina rodeaba el ambiente. Me tendías la mano desde la otra esquina del sofá, buscando la mía, buscando dedos entrelazados, buscando un rescoldo de calor entre las cenizas del lunes noche...
