Fue un miércoles relativamente sencillo de afrontar, en realidad nada de lo que sucediera me iba a pillar desprevenido. Cada día se hacen las personas más viejas y era cierto eso de que la piel se hace también más dura con el paso del tiempo. He estado muchos días escondido entre pájaros y tritones, y no ha cambiado nada el resultado de esta ecuación, mis factores siguen siendo los mismos, descuida, tengo claro que la que multiplicas eres tú.
Tampoco hace falta ponerse muy serios con esta lectura, al fin y al cabo no estamos calculando polígonos equiláteros, me basta con saber escribir y que se me medio entienda. Como te decía, el sol entraba de media tarde ya por la ventana del salón, entraba despacio, casi con cariño, y con un tono anaranjado propio de su recogida. En el lugar se debatían propuestas para apuntalar unas vidas dispuestas a avanzar juntas, algunas mas elocuentes que otras, aunque todo estaba bien afinado.
Hay un montón de sonrisas que aún no hemos gesticulado, y eso me encanta, el saber que este camino prácticamente acaba de comenzar, sí, que han sido tres años intensos, con sus buenos momentos y con sus mejores momentos, todos inolvidables por mucha tierra que se quiera echar encima. Ambos somos conocedores del esfuerzo, y ya no hay secretos sobre lo que estamos dispuestos a dar el uno por el otro, nada más bonito que ver a tu pareja sacrificarse por ti, gracias por tantas tardes de silencio. ¡Nada que no sepa devolverte!
Si he de serte sincero, esto es todo lo que yo quería, exactamente lo que buscaba. Encontrarte y vivirte es sin ningún tipo de duda, la historia de mi vida.
