Ese día fue un verdadero fracaso. Lo recuerdo cercano, pero el mal recuerdo me lo aleja hasta un lejano lugar, donde a petición mía se disipa, no quiero saber los detalles, ni entender los porqués que contenga. Un trozo de papel arrugado que no volverá ser lo que fue, la oportunidad perdida de un día que dejó de ser para pasar al olvido. Nada que se entienda demasiado bien, ni que necesite excesivo razonamiento. Lo dejaré caer al suelo, y que sea tan irrecuperable como el agua que alimenta el campo. Caerá a plomo sobre el suelo del olvido como un árbol podrido.
Dicho esto, no me importa quererte un poco más. De hecho, me he conocido un poco más a mi mismo, en un lugar extraño, poco explorado, y que ahora sé donde está, y como salir de ahí cuando vea que me acerco. Es incómodo, pero al mismo tiempo me ha reportado entendimiento, he comprendido la situación y los sentimientos que lleva de la mano, y no, a mi tampoco me ha gustado.
No me creo torpe en cuanto al sentir, ni en cuanto al querer, y quiero seguir entendiéndote toda siempre, siempre. Ojalá que pronto olvidemos ese feo día en el que no entendí nada de ti.
