jueves, 27 de julio de 2017

INSTRUCCIONES PARA DORMIR SOLO

No me inquieta estar a solas, ni hacer café solo para uno. Hace tiempo que en la cocina ya no hay fluorescente, y la luz ya no titubea antes de encenderse. He abierto las ventanas para que el fresco entre en casa a estas horas, y café en mano me dispongo a sentarme en el patio y a mirar para arriba. Te parecerá una tontería, pero hacía mucho que no gastaba un rato así, de desentenderme, de buscarle un poco el sentido al día.

Respiro tranquilo, y entre pequeños sorbos (que el café aun quema) me vienes a la mente, sonrío por inercia, y descanso los ojos. Parece tarea fácil cuando te conozco, y qué alterado me resultaba hace dos años vista, una noche como esta. Me tenías revolucionado, qué manera de quererte, eso si que era digno de ser escrito.

Disfruto del silencio, el los pequeños puntos blancos inertes, y de las preguntas que plantean, a sabiendas de que no me entretendré mucho en responder. Me siento contento, me siento bien, a veces me cuesta hacerte entender lo sorprendido que estoy por la placidez que disfruto contigo. Sabiendo esto, no concibo nada más allá que tu cuerpo me siga rozando. No quiero entender otras verdades, ni necesito ahora enredarme en cuentos que no vienen al cuento, ya tengo el mío, ya somos los protagonistas del bosque.

Casi se me ha acabado el café, y mientras riego la hierbabuena, un par de salamandras salen disparadas trepando por la pared, si pudieran hablar me pitarían los oídos. Se refresca el ambiente, y pienso en que mañana cuando te vea, volveré a probar un pedazo de sueño, una realidad que no voy a dejar que acabe jamás. A la cama...