Nada de nada, sigo sin entender nada. Aun pienso en los momentos en los que te conocí, aquella primera sonrisa, ya casi difusa en mi mente, como las perseidas de Agosto, que se rozan con la mirada y el tiempo se encarga del olvido.
Nada de nada, sigo sin querer nada más. Tengo el cariño que necesito y los ojos que lo llevan cada día escrito. No se empaña, ni se apaga, recuerdos de viejas estaciones de tren, y farolillos de aceite al fondo, entre la densa niebla, que siempre encuentran el camino hacia la luz.
Nada de nada, me quedo sin nada en el alma, si veo tus ojos humedecerse, se me apagan las letras cuando la rabia pululea entre tus temores. No eres cobarde y sabes combatir para seguir a delante, no dejes de luchar.
Nada de nada, no quiero que nada nos detenga, serán las rachas de aire, serán los fuegos en los pinares, será el esfuerzo del agua para abrirse paso entre las rocas. Sea todo bienvenido al jardín del país de nunca jamás, que aquí entre luciérnagas y sauces brotan los refugios de verdades, los pilares para estabilizar la felicidad, sin esfuerzo.
Nada, no quiero que cambies, nunca, nada.
