Solo en la memoria de quien no te recuerda eres un olvidado. Pareces andar las calles a escondidas mía, sin estar aquí, pero viviendo conmigo. Qué raro se me hace escribirte, cuando lo que quiero es abrazarte y olerte.
Cada carta que cae en un tapete, eres tú, el dado que no cesa, contarte de más en el parchís, y cada solitario que se completa. No hay imagen viva, ni pintura realista que te pueda contener.
Eres lo que yo necesité, la persona idónea que me ayudo y me acompañó, ninguna de tus sonrisas fue en vano, y todos los abrazos y besos, fueron suficientes e insuficientes a la vez. Ojalá que algún día podamos echar la revancha, a esa partida que tenemos pendiente. Gracias por permitirme que pueda reír y llorar de emoción al mismo tiempo. Se te echa de menos aquí abajo.
