domingo, 11 de junio de 2017

HOY ES NOCHE DE TI.

Hoy es noche de luciérnagas. Las chicharras llevan horas turbando las siestas en el pueblo, y desde las montañas baja un viento acaramelado, avisando de que al caer el sol, se relajará el ambiente, y la humedad se asentará en los prados que hay hacia el este. Quizás esta noche Campanilla se deje ver entre los juncos y el musgo que se forman debajo del sauce.

Hoy es tarde de vencejos. Hay silencio en el pueblo, las calles empedradas dejan pasar las horas sin importarles el pasado. Los veranos son sencillos, y la emoción apremia a entrar en los partidos y los juegos de los más pequeños. La vida desde el aire parece más sencilla, pero eso no lo saben los reyes del aire, ni entienden de amores y odios. Volar es envidiar el alma, y ser vencejo es canturrearle al aire haciéndole entender que aquí quien manda eres tú.

Hoy es mañana de gatos. Ya desde hace mucho que lo decidí, yo quería ser gato. Desentenderse de ningún problema, y afilarme los dientes con felicidad. Ya no hay quien me pare. Esta noche seguiré siendo felino, y si dejas la puerta abierta me colare en tu vida, hasta trepar al tejado, donde seguro habrá un alféizar para mí. Las ganas son primarias y los sentimientos abruman, solo recordarte, solo mirarte me daba pánico. Las azoteas ardían y las calles se arrodillaban para que cruzásemos. Qué difícil será explicarlo algún día, pero que me encierren si no lo repetiría. ¡Campanilla, pero qué sorpresa! Ni siquiera había apuestas tan arriesgadas en los casinos, y mira... Sin jugar, nos hemos llevado el mejor de los premios.

Mañana se cumplen dos años de historia, de recorrido por jardines, parques, skylines, noches de tabaco, verbenas, ilusiones, sentimientos, algún enfado, mucha magia, montones de ratos pensando en ti mientras estaba perdido por ahí fumando un pitillo y descansando el corazón, ramos de flores, alusiones al principito, ratos de reírte de mi, de no conseguir explicarte mi trabajo, de copas de vino, pero de las buenas, de vistas de Madrid, de largarme a Amberes a tatuarme mi fidelidad a la vida, de mucho calor, de faldas y paseos, de noches conduciendo con el corazón retorcido, de montón de canciones que se escribieron para ti, de echar la vista atrás, y recordar el día que nos presentaron (¡Viva Mangirón!) de mi pueblo contigo, de la historia de un banco y un río que nos catapultaron hasta aquí, de cafés helados y más tabaco, de aprenderte, de mirarte embobado por no creerme que te tenía en frente, de deseos de futuro, de emociones que encajan, de labios que no besan, golpean, de vestirme bonito para ti, de que sin quererlo me estabas enseñando el futuro, de no saber qué decirte por querer decirlo todo, de trabajar sin trabajar con un sabor en los labios, el corazón encerrado en un tarro de miel, y el cerebro dopado de tu cuerpo.

No cambio nada de lo que me lleva pasando dos años contigo. Súbete, y vámonos, que aun nos quedan un montón de aventuras y pasiones que vivir.