jueves, 26 de enero de 2017

PER SE

¿Qué, cómo te imaginas? No me digas que no lo has pensado. Imaginas quizás algo así como… Despertarte cualquier frío día de noviembre, viviendo en algún pueblo de la sierra norte de Madrid, subir la persiana, abrir la contraventana de madera, y ver que ha nevado, que está todo el suelo cubierto, y que el silencio se ha apoderado de la madrugada. El sol aún no ha salido, pero la luz de las farolas de la calle alumbra lo suficiente. Te vistes rápido y te tomas un café antes de coger tu bolso, con las cosas preparadas para las clases de hoy. Sales de casa, con la bufanda y el gorro puestos, y por fin pisas la ansiada nieve, camino del colegio. Ya eres una persona adulta, pero qué más da, esa sensación suave y el sonido seco que hace la nieve virgen al ser pisada, le sacan una sonrisa a cualquiera. 

De camino al colegio, te cruzas con los primeros chicos que a pesar de las tempranas horas, van riendo, lanzándose bolas de nieve, y corriendo al colegio, deseando que llegue ya la hora del recreo para salir a jugar con el resto de compañeros. Llegas al colegio, y saludas a tus compañeros, comentando el frío que hace y la generosa capa de nieve que ha caído, y comentáis brevemente que quizá algunas rutas no puedan venir hoy porque las carreteras no están limpias, por lo que habrá pocos alumnos en el aula. 

Entras a tu aula, y allí están, esas pequeñas criaturas dispuestas a escucharte con la atención que mereces, sonrientes y contentas porque ha nevado. Y disfrutarás explicándoles, y transmitiéndoles la sabiduría y la experiencia que cada día adquieres en este camino, que recorres, que es el tiempo de la vida. 

Por la tarde cuando vayas de camino a casa, procuraré estar a tiempo y te recogeré con el coche, nada más montarte te daré un cariñoso beso, mientras te pregunte que qué tal te ha ido el día. Yo iré con el uniforme mojado, y las botas llenas de barro, y alguna experiencia emocionante que estaré deseando contarte y tú vendrás cansada, con las manos blancas de tiza, algunos dibujos que te han dedicado guardados en la carpeta, y una generosa sensación de satisfacción, porque hoy ha sido un día estupendo.