Desde mi lado de la cama puedo ver constelaciones. En concreto, es un conjunto de cinco estrellas privadas. Por suerte, no aparece en mapas astrológicos, ni han sido descubiertas nunca antes, de hecho, ni la rosa de los vientos sabrá orientarte para llegar a ellas.
Cada noche veo esas cinco estrellas moverse libres por el cielo, se abrazan a la comisura de tu sonrisa, se juntan con tus gestos y se sorprenden cuando caen sobre el inconfundible tacto de unas sábanas limpias. A veces, juegan a colarse por los huecos de la almohada donde descansa tu cuerpo, y siempre fieles a tus labios, se despiertan con tus besos.
Son gotas de magia que se han colado en tu cara, o quizá sean emociones grabadas en tu piel, o simplemente son los cinco lunares que en un acto de rebeldía decidieron quedarse para hacerte poseedora de la mejilla más bonita del mundo.
