lunes, 27 de junio de 2016

NO COMAS PAN DURO

Todos nos equivocamos cuando intentamos encarcelar algunos sentimientos, en la mayor parte de los casos, estos no han de ser reprimidos, y como no podemos eliminar lo que sentimos, tristemente tendemos a esconderlos bajo la alfombra, sabiendo que están ahí, pero no queremos que se vean, no dan miedo, auténtico pánico. 

La pregunta: ¿Por qué reprimimos sentimientos?
La respuesta: Miedo.

Las personas, somos cobardes por naturaleza, no nos gusta lo desconocido, y siempre tratamos de asignar un significado racional y lo más simple posible a todo aquello que no sabemos. Una gran lacra con la que cargamos día a día. Sucede cuando cambias de trabajo, de casa, de pareja, de coche, o simplemente cuando cambias de panadería. ¿Realmente te atreves a ir a otra panadería a comprar pan cuando en la tuya consideras que el pan está bueno y tiene buen precio? No, evidentemente lo compras donde siempre y esputas violentamente por la boca un "¡A saber que pan hacen ahí!" Y te vas a tu casa con la cabeza alta y sintiéndote vencedor con tu barra de pan. ¿Me equivoco?

Lo mismo pasa con los sentimientos. Nos sentimos cómodos en un lugar, nuestra casa, compartiendo una vida con otra persona, realizando una rutina, yendo y volviendo diariamente al trabajo, saliendo a cenar de vez en cuando, y viendo un rato la TV antes de dormir, charlotear sobre las vidas de unos y de otros. Cosas de humanos, vaya. Hasta que un día te levantas, y te das cuenta de que eso no es exactamente lo que quieres, que no te estás sintiendo bien, que tú estás hecho de otra manera, te gusta tu vida, pero hay algunos sentimientos que no se están alimentando bien, y empiezan a resentirse. Tienes una casa, una pareja, un coche, un trabajo, amigos, familia... "¿Qué me pasa, si tengo de todo?" Empezarás a preguntarte. Y antes de que quieras darte cuenta, esos sentimientos que habías escondido bajo la alfombra, empezaran a murmurar. Y no querrás escucharles (por miedo, claro) pero sabes bien que los sentimientos no mienten. 

Solo el cerebro (nuestro "yo" miedoso) nos engaña. Si tú quieres creerte una mentira porque tienes miedo de abrir la caja de la verdad, el cerebro se la va a creer, y jamás tendrás que enfrentarte a la verdad, no tendrás que pasar ese mal trago de abrir la caja y saber qué contenía. Tu vida será una vida más tranquila (basada en una mentira), pero vivirás bien, sin grandes emociones, y relajado en tu mundo plano, pero oye, que es lo que has elegido, tampoco te quejes. 

Ahora bien, échale huevos, y dime cómo engañas al corazón. No hay razón que pare la emoción. Es imposible engañar al corazón. Podrás no hacerle caso, podrás reprimirte de hacer lo que el te dice que hagas, pero nunca podrás convencerlo, nunca podrás engañarle. Los sentimientos verdaderos no son racionales, no son ideas, ni convicciones sociales, ni formas de pensar. Son actos, son momentos incontrolados en los que tu alma reacciona a la llamada de la vida. Tu alma te pide vivir, se cansa de estar con la luz apagada, quiere que seas feliz, y sólo así te lo hace saber.

Cuando escuches a un amigo tuyo decirte que antes compraba pan en la misma panadería que tú, y que ahora lo compra en otra, porque el pan allí está mucho mas crujiente, y es mas barato. No seas tan ingenuo de pensar que se equivoca, y que el pan más bueno sigue siendo el tuyo. Échale huevos amigo, cambia de panadería, que en esta vida hay pan para todos, solo hay que ser valiente para ir a comprarlo al sitio correcto.

¡Buen provecho!