Pasan las horas y apenas me doy cuenta, mientras revolcándome entre besos encajonados en un sinquerer cae una estela dorada sobre mi espalda que me tensa las manos. Vas, vienes y revolucionas al personal, esto parece un juego al que ya has jugado sin mí, y me has tirado las instrucciones para que parezca más divertido.
Los jardines siempre fueron para los seres alados, igual que las cornisas siempre fueron mi lugar. El ocho como número me cae bien, mejor de lo que esperaba. Sabes que nunca he querido abandonar los jardines, por mucho que te empeñes en leer, pues escribo lo que quiero, no lo que siento. Lo que siento, lo digo.
Los juegos y los sentimientos son para las princesas, los besos y las emociones para las reinas. Ponte las gafas y móntate, que nos vamos lejos, a desgastar el corazón a base de sustos, y a arrancarle las sonrisas a la noche, que la luna aún no se ha enterado que la tenemos acorralada, y que la vamos a robar el reloj y lo vamos a enterrar lejos para que cada roce de labios nos suponga un infinito. Yo me lo juego #todoal8.
