Tengo tantas ganas... de volver por tus calles, recorrer tus curvas, saborear tus colores, ver de nuevo esos sonidos tan femeninos, tan del norte, tan explosiva, tan oculto, tan atardecer, tan increíble. Pocas ciudades tienen tantas cosas juntas que signifiquen tanto para mi, pero esa ciudad, puede presumir de ello. Me derrite, se fusiona conmigo, guarda mis secretos, y me aguarda preparada con una buena palmada de energía en la espalda para el futuro. Me impacienta solo pensarlo.
Hoy, he salido tarde a sacar la basura, la calle estaba vacía, solo se oía a los grillos cantar. Las farolas con la luz naranja tan característica de los pueblos, mal iluminaban la acera, y yo andando despacio, iba buscando mis pequeñas luciérnagas, tratando de inspirarme con su magia. Un día más, ahí estaban, iluminando en pareja, cerquita la una de la otra, pero sin tocarse, como queriendo respetarse, tratando de sentirse cómodas con el necesario espacio que las separa, pero estando lo suficientemente cerca como para no dejar de sentirse. Parecen tan sobrias, tan tranquilas... Aunque a saber qué harán cuando apaguen las luces...
Los martes siempre suceden cosas extraordinarias, momentos que recordarás. Y seré un loco, o quizá un valiente que no se arrepentirá jamás de correr el riesgo de no haberse quedado pensado lo que podría haber sido.
