lunes, 13 de julio de 2015

CUANDO VUELVA A SER REY

Emoción mezclada con sangre, tinta que guardar eternamente bajo la piel, el olor de las sábanas belgas en una cama deshecha, ventanas con vistas a ninguna parte, los zapatos preparados junto a la puerta para salir corriendo. Las calles empedradas, y los turistas pedaleando sin cuidado, tratando de pasar desapercibidos. 

Ciudades de Bélgica que disfrutar con alas, terminales de viaje, trenes que dejar partir, y otros que llegan con retraso. Andenes infinitos, paneles informativos en la estación central, locales que huelen a gofre de chocolate recién hecho, y cervezas que marcaron mi sonrisa, esa que disfrutas, y que moldea los músculos de mi cara dibujando mis arrugas.

Recuerdos que no dejarán morir épocas pasadas, risas en las esquinas de las calles mal iluminadas, puertos de ciudad donde volver a sentarme a fumar, y respirar salitre al atardecer. Un edificio lleno de banderas y una fuente humedeciendo la noche en el silencio. Se besa una pareja en una de las terrazas de Groenplaats, y entrecruzan sus dedos sin mirarse para no incordiar a la razón.

Querer que tus labios no sean un espejismo por sus calles, olvidar el desastre, romper el equilibrio, llenar unas copas en un brindis, y regalarle un guiño a la vida, que se entere de que la intención es que no se olvide de mi, y de mi destino, y que si hace falta ya me lo escribo yo de mi puño y letra.