Esta semana ha sido larga, no lo dudes, la luna ha salido todas las noches sólo para reírse de mi. Esa maldita bastarda que sabía que no tenía los dientes afilados, y que los ánimos los había lanzado al viento, a ver si caían de cara o cruz, aprovechándose de mis momentos bajos.
He estado tirado en el callejón, bajo los contenedores y soportando el asfixiante calor del asfalto de Madrid. Y mientras, la gente caminaba a escasos metros, cada uno con su propio cuento, unos más tristes, otros menos. Algunos iban de la mano, otros vagaban solos, pero todos parecían tratar de escribir su historia, todos peleándose por Campanilla y por ser Peter Pan.
He estado tirado en el callejón, bajo los contenedores y soportando el asfixiante calor del asfalto de Madrid. Y mientras, la gente caminaba a escasos metros, cada uno con su propio cuento, unos más tristes, otros menos. Algunos iban de la mano, otros vagaban solos, pero todos parecían tratar de escribir su historia, todos peleándose por Campanilla y por ser Peter Pan.
Sin darme cuenta, se me acerca un amigo gatuno con ganas de pelea, se lo veo en los bigotes... Me dice que le metamos juntos unos arañazos al destino, y le dejemos una buena cicatriz para que se acuerde de nosotros la próxima vez que se le pase por la cabeza soltarnos a los perros... Buen consejo, pero hoy no me toca luchar, no al menos así. Deja que mi contoneo haga de las suyas, poco a poco, queriendo sin querer. Déjalo en mis zarpas.
Al final todo sigue siendo una locura, y mientras que a un niño le hinchan un globo, a otro se lo explotan. Y yo me pregunto, si seremos capaces de compartir el globo, compensando ese desequilibrio que parece surgir, encontrar ese punto de felicidad, donde seamos capaces de no poner arena en el café, y empezar a echarle azúcar.
Ya me marcho, ya me guardo, kilómetros de carretera de noche para no olvidar. Bonita noche ha sido, de incomprensión, de incertidumbre, de todo y de nada, del callejón, de besos robados en 3 minutos, y alguno regalado. De lunas que ríen, vidas que sienten, presencias que intimidan, de palabras malsonantes, de amistades que jamás serán, hablamos de arriesgarse, hablamos de sentirnos, hablamos de vivir.
Al final todo sigue siendo una locura, y mientras que a un niño le hinchan un globo, a otro se lo explotan. Y yo me pregunto, si seremos capaces de compartir el globo, compensando ese desequilibrio que parece surgir, encontrar ese punto de felicidad, donde seamos capaces de no poner arena en el café, y empezar a echarle azúcar.
Ya me marcho, ya me guardo, kilómetros de carretera de noche para no olvidar. Bonita noche ha sido, de incomprensión, de incertidumbre, de todo y de nada, del callejón, de besos robados en 3 minutos, y alguno regalado. De lunas que ríen, vidas que sienten, presencias que intimidan, de palabras malsonantes, de amistades que jamás serán, hablamos de arriesgarse, hablamos de sentirnos, hablamos de vivir.
