Coches, que recogen hadas en plazas de extrarradio, carreteras que envenenan cuerpos camino al infierno. Pequeños teatros que consiguen los besos del público, manos que entrelazan sus dedos como extraños. Ver morir el sol en lugares emblemáticos, que enloquecen y hacen que se rompan los miedos, momentos que paran mundos enteros y pensamientos de locos, tan locos como cuerdos.
Conversaciones trampa, que evitan hablar de lo sincero. Albariño y verdejo presiden la mesa, y de nuevo la locura de los cuerdos irrumpe en esta historia. Como los gatos, merodeamos entre callejuelas llenas de locos y libros, subimos a los tejados y dejamos que el aire nos recoja y nos guíe. Quique bebía daiquiri, y tanto le debo que "esta va por ti, maestro". El skyline es perfecto, y el silencio nos marca el ritmo a seguir, intenso. Esto se acaba, y como buen gato, de un par de brincos paso del cielo al el suelo de Madrid. El coche nos guía de nuevo al extrarradio, todo ha sido tan fugaz, que nos hemos vuelto locos y apenas nos hemos dado cuenta. Pero lo he notado, esta noche, te han salido alas...