miércoles, 27 de mayo de 2015

ANTWERPEN, TE QUIERO

Dos Duvel, una Jupiler y 1.603 kilómetros me separan de ti, me destrozan las entrañas, y se me hielan las venas cuando te recuerdo. Tus calles, tus olores, mis emociones, que siguen contigo intactas, tan puras y tan vivas aun en mis entrañas. Compañía de batalla, y tiempo para recordar, veneno del que no puedo deshacerme, es algo salvaje, indomable, que llevo dentro, que me me recorre despacio, y me consume. No puedo compararte, eres única, soy yo, contigo, somos.

La ciudad de mis banderas, de mis esquinas, de mis recuerdos, de mi vida entera en tres meses. No te olvido porque soy incapaz, y me atraes como un señuelo, y me dejo llevar, y quiero tocarte de nuevo, y sentir esas vivencias, el olor a té de melocotón en el ático, las cajas de cerveza acumuladas, el olor de mi tabaco, Quique González destrozándonos el alma verso a verso, el café hecho con la cafetera francesa, el sol belga entrando por el ventanal, y de fondo la torre de la catedral y Groenplaats. No puedo hacerlo más real, porque me volvería loco. Me desquicia escribirte, recordarte, maldita ciudad envenenada de mi vida, quiero volver y morderte en el cuello, y sentir que estoy vivo, quiero sangrar contigo. Mátame, o devuléveme, pero no me dejes así... Antwerpen, te quiero.