martes, 14 de enero de 2014

No se puede querer a Dios y al dinero...

En los días que corren, parece que no puede estar uno a gusto ni con el aire que respira. En cada esquina, encontramos hostilidad, de los humos de la gente ni hablamos, y si nos da por encender la televisión, se nos calienta la sesera a temperaturas de la lava del volcán del destino. Tejemanejes, estafas y chanchulleo barato, peor que en una convención de gitanos unidos contra el cobro de recibos.

Y es que ya no hay un dios que sepa ni cómo, ni porqué estos desalmados han resquebrajado el futuro de un país. Lo que está bien claro es que nos han dejado un agujero de mierda, equivalente al cráter del meteorito que debería caer sobre sus almas. Con indiferencia de colores e ideologías, la crítica es única y aplicable a todos, igual que los flotadores en forma de crédito que nos tira esa gran potencia, que se hace llamar Unión Europea... Menuda granja, eso si es chorizo cinco jotas.

Luis, preocupado, me pone mi café nada más verme entrar a diario por la puerta del bar a eso de las 07:40, pero nunca me hace caso y apaga la tele. Dice que así tiene algo de qué reír, o algo por lo que llorar, que si no el día no tendría ser. Pobre, no sé qué le pasa que nunca deja de llorar. Y sé de buena fe, que cada vez estoy más cerca de convencerlo, de que esto tiene solución, pero el tema es duro, sería mucho trabajo para San Pedro, y tengamos la fiesta en paz, que está la iglesia como para hacerles un ERE ahora...