Las nubes han encapotado el cielo hace unos minutos, la tarde ha perdido luz y la lluvia ha hecho prisionero al día. Menudo domingo de enero, de los buenos, buenos. Asesino bombillas según avanzo por la casa, y le doy la gloria a la lámpara de la mesilla. Silba la tetera antes de que me de tiempo a sentarme en el sofá. Maldita.
Hacía tiempo que no jugaba a las damas (de mesa, pues de las otras, aun sigo escribiendo mi autobiografía). Limpio de polvo el tablero y recupero las fichas del cajón del salón. Arrancamos partida, y voy mandando a la muerte a los primeros peones, morirán por su patria, como buenos caballeros por coronar a una dama. Así es como juego, mirando hacia delante para razonar hacia atrás. Tras trece movimientos, aun recuerdo mi jugada, capturas sucesivas y la dama es mía.
Guardamos el tablero tras varias partidas, y mientras, planifico la semana. Es posible que el jueves pase por la rivera del Manzanares a dejarme un trozo de garganta, por si acaso había dudas. Mientras tanto, mañana toca trabajar el seso, y voy pensando en ello de camino a Madrid. Pisando kilómetros, acaba el disco, y la bonus track "Sweet spot of your life" de Antje Duvekot surge del silencio, endulzando unos minutos más de este domingo, mientras las ruedas luchan metro a metro, devorando damas.