Agotada la última baza, se acabó la Navidad. Con ella se fueron las pasiones, las emociones y reencuentros, pero nos ha dejado un sabor digno del panal más dulce para comenzar el año con mucha fuerza. Cada barco, ha zarpado a su puerto, los que ya tenemos uno, repostaremos un día más antes de zarpar a faenar y mientras, algunos siguen en su rutina de búsqueda de un puerto donde los dejen atracar, otros han buscado el suyo en costas extranjeras.
Fotografías, que añoran y afloran más de una lágrima y época pasada. Café, copa, y tira de la lengua, que tú si que sabes contar buenas historias. El futuro no está escrito, pero si reflejado. Moléstale en echar un ojo a tu alrededor, a la sangre de tu sangre, y verás que no es difícil acertar en la estadística. Tan cierto, como que el vino más pasado, pudo salir de la mejor cosecha.
Papeles, y más papeles que no quise hacer en su día, porque me sentía libre, desnudo de complejos, y con la seguridad de una vida bañada en placer. O al menos todo apuntaba en aquella dirección... Algunas cosas han cambiado, y aunque mis objetivos siguen su rumbo de manera satisfactoria, vivimos en una suma de proporciones, y no está bien pasarse de la raya. Con papeles enmarcados en la pared o sin ellos, mi fin es ser lo que soy cada día; seguir siendo vencejo real.