domingo, 10 de febrero de 2013

Las horas voladas


Preparando la maleta, una tarde de domingo como hoy no se me olvida echar tu cariño, y unas pocas de tus caricias para gastarlas de noche, cuando la soledad de la habitación del hotel, se haya acomodado junto a mi.

Fumaré un cigarrillo en la ventana, mientras imagino tus pasos tras de mi, pensando qué andarás haciendo en cada momento, y queriendo que tus brazos rodeen mi pecho, mientras apoyas tu cabeza sobre mi espalda. Sintiendo la distancia, que cuanto más lejos estoy, más fuerte me hace sentir tu cuerpo.

Nada me desploma, y aguanto férreo la semana. El tiempo pasa rápido entre horas de oficina. Los miércoles ya huelo tu perfume, los jueves siento tus abrazos, los viernes tus besos me abrasan, y finalmente los sábados dejas que acaricie tus ojos. Te prometí cenar este sábado, no te preocupes, que no lo olvidaré.

El IB3428 espera impaciente consumar su leyenda, y aterrizar en Düsseldorf sin nubes ni lluvia mañana por la mañana. Yo apuesto que no lo conseguirá. La vieja Alemania tiene muchas tablas, quizá demasiadas. Pero en cualquier cielo, cualquier ciudad, o país, no dudes que volveré cada viernes a dejar que me invadas el corazón. Un beso.