domingo, 10 de febrero de 2013

La perseida tardía


14ºC marca el coche a las 06:00 AM en Buitrago del Lozoya. Arranco el motor, y mientras coge temperatura el aceite, acomodo el habitáculo y escojo música para el trayecto. Hora de irse. La carretera, en penumbra, se muestra siniestra, y aunque bien conocida, sigue imponiendo prudencia en la oscuridad. Enciendo las luces largas para relajar la presión, a lo lejos, un corzo salta la mediana, y de dos saltos se cruza la carretera. Completamente seguro de que tiene que salir de ahí, pero sin conocer el peligro exacto de su aventura. Parece más confiado de lo que pretende aparentar. Largos camiones, son compañeros sobre en la carretera, viejos coyotes del asfalto, y expertos tertulianos de emisora. Ellos sí saben rodar.

Cambio unos instantes a la FM, pero las puercas noticias obligan a cambiar de nuevo el dial. El violín de Ara Malikian, susurra mis oídos mientras recuerdo el concierto de anoche con la mejor compañía. Miro por la ventanilla izquierda, y la luna, menguante esta madrugada, se asoma por la loma de Cincovillas. Entre las estrellas, ella es la reina de los cielos.

Continuo mi andadura, cuando una perseida tardía cruza el cielo, atrapando mi atención, como queriendo desplomarse sobre el embalse del Atazar, dejando un haz de luz hipnótico. Acto seguido, desaparece en la nada, como si de un profundo y potente sueño se hubiera tratado. Ha cruzado los cielos, solitaria, tardía y más errante que un alma sin cuerpo.