domingo, 10 de febrero de 2013

La Cigüeña de la Torre del Reloj


Merodeo a mediodía por La Coracha y los bajos de la iglesia de Santa María del Castillo en tu búsqueda, pues tú siempre me regalas un beso a mi encuentro. Es genial, acabo de ganarme una de tus sonrisas. Eres protectora y guardiana de la muralla.

Pasado el rato, las viejas glorias y yo, nos dirigimos a el ahora ya viejo instituto, a despedir todo lo que allí conocimos, sentimos, y nunca olvidaremos. Todos sus años fueron gloriosos, todos sin excepción. Sobre sus patios, más de una vez sobrevolaba la cigüeña con "rama en pico" dispuesta a conquistar ella sola los cielos de Buitrago. Las viejas glorias nunca olvidan.

Por la tarde, entre los últimos rayos de sol que se cuelan entre chopos, robles y encinas, enfilo la carretera desde Montejo de la Sierra a Buitrago del Lozoya. La música entona mi camino, y más confiado que ninguno y con varios besos en la chistera, bajo la ventanilla y apoyo mi brazo sobre el borde de la puerta, dejando que el aire cálido se cuele entre el vello de mi brazo y los rayos de sol, ya anaranjados, me hagan de fieles compañeros en este camino.

Al pisar asfalto, por la vieja N-1, noto que ella me sobrevuela. Aparto la mirada de la carretera y la veo dominando el mismísimo cielo, sin ningún miedo. A lo lejos la viva estampa de Buitrago, ella toma rumbo a la  torre del reloj y yo continuo conduciendo intentando no perderla de vista en el horizonte...