Hoy, conduciendo hacia Madrid, he pegado un repaso rápido al dial de la FM, cuando de repente, entrecortada por los ruidos de una mala sintonización, esa canción ha comenzado a sonar. Desconcertantemente, tras muchos años sin saber de aquella anécdota, esa canción ha vuelto para sorprenderme. Y mientras yo cantaba con efusividad sus versos que aún recordaba, el dial ha perdido la señal y desgraciadamente, no he podido volver a recuperarla por las interferencias. He continuado cantando solo, sin miedo.
Por si alguno lo desconoce, a partir de "ya", es conocedor de que por mis venas corre sangre legionaria. Y aunque aún no soy novio de la muerte, ni ningún lobo me ha mordido el corazón, quizá sea ese el motivo de que se me hayan puesto los pelos de punta cantando yo solo esa vieja canción de aquel soldado paracaidista que volvía a caer de los cielos...