Siente cada instante, cada segundo, alza la vista, deja que los primeros rayos de sol atraviesen tus retinas, suspendidas a 800 metros sobre el suelo por un globo de gas. Alimenta tu tacto en cada caricia, cada roce de labios esperando el verde de un semáforo, permite a tu cuerpo evadirse con un abrazo profundo. Deja que descanse el alma viendo dormir a quién más quieres en un largo viaje en la carretera.
La majestuosidad de Santa Sofía se colará en tu ser sin que la dejes, mientras admiras su imponente cúpula que parecerá caerse sobre ti si dejas volar la imaginación. Coge de la mano a esa persona, mientras camináis en el latir caótico de una ciudad en auge. Los sonidos se deslizarán por los oídos, mientras contáis historias. Da un beso improvisado mientras admiras la torre de Gálata desde el otro lado del Bósforo. Los olores del Bazar de las Especias se incrustarán en ti para recordarte que debes disfrutar cada segundo aquí. Cruza el puente y deja que los pescadores rescaten a los ahogados.
En la habitación del hotel, ya de noche, abre las ventanas, deja que la oscuridad se cuele sobre vosotros, acércala con suavidad, acomódala, contempla la intermitencia de las luces de la ciudad. Que las estrellas de Estambul iluminen el colchón sobre el que descansáis mientras escucháis como rebota la oración entre minaretes lejanos. La emoción se desnudará delante vuestra, fundiendo vuestros cuerpos en un solo ente, haciéndolo candente, y dejando al sudor correr en libertad.
En la habitación del hotel, ya de noche, abre las ventanas, deja que la oscuridad se cuele sobre vosotros, acércala con suavidad, acomódala, contempla la intermitencia de las luces de la ciudad. Que las estrellas de Estambul iluminen el colchón sobre el que descansáis mientras escucháis como rebota la oración entre minaretes lejanos. La emoción se desnudará delante vuestra, fundiendo vuestros cuerpos en un solo ente, haciéndolo candente, y dejando al sudor correr en libertad.