Nosotros, sin levantar mucho la voz, y a escondidas, hacemos castillos en las nubes sobre nuestro futuro. Los amigos, palpando experiencias en el extranjero, buscándose la vida. Los que quedan en tierra, planeando la huida. Y en el telediario de las nueve, las mentiras encienden la ira.
Cuando alguien que te cuadriplica la edad, te dice que esto no va a acabar bien, no hay opción al redondeo. Me siento frente a mi abuelo, mientras coloca el parchís para librar un par de guerras sobre tablero, que enseñan mucho, y descansan de tanta tontería y demás. Como de costumbre gana él, alimentando su suerte con el doble seis.
Preparo el petate tras cenar, y a sabiendas de que la suerte está conmigo, encauzo el camino hacia el lunes. Contento, sonriente y sin perder la esperanza, sé que mañana me espera un día duro, pero he llegado hasta aquí para más, mucho más de lo que aún he demostrado. Capote en mano, banderillas, salto el burladero, y al toro, que mañana es lunes...