Arrugas que son galones de auténticas guerras contra el tiempo. Árboles genealógicos en los que se apagan nombres y encienden vidas. Relevos en trincheras que silban balas contra los muros de los blocaos.
Durezas en las manos, que hablan por si solas. Cicatrices que siempre contarán historias. Abuelos, que jamás recuperarán la memoria, pero aun retumban en sus oídos los cañonazos de aquella vieja batalla.
Un reservista, contempla con mirada helada, una bandera desgarrada ondeando en la cima de un puesto avanzado. Fusiles con óxido en el disparador, inútiles. Cinturones de cuero rasgados a balazos, uniforme y algo más que valor.
Solo los valientes regarán con su sangre ardiente la tierra por la que luchan, y solo ellos verán esos terrenos granar de nuevo para alimentar futuro. Salvas al viento, veteranía, honores y colores unidos formando una bandera bordada que cubrirá de gloria eternamente, a todos los que sepan hacerse merecedores ella. Porque la muerte, no es el final.