Llegó el 14 de diciembre y así mi marcha a Buitrago por Navidad, a disfrutar de la familia, los vecinos, las gentes, y sus lugares durante estos días tan señalados. Las cenas en familia, celebraciones, montar el árbol de Navidad y el portál de Belén en la entradita mientras suenan villancicos en el salón, y en la calle cae un frío que hiela todo como si de una manta polar se tratase.
Bajar andando a comprar el pan, porque no se pueden mover los coches de la nieve que hay, enganchar un trozo de cartón y tirarme por "la chopera" cuesta abajo como los chiquillos. Contemplar el río gélido de orilla a orilla, con varios centímetros de nieve sobre el hielo. Seguir las pisadas de un pajarillo que ha caminado sobre la nieve virgen.
Lanzar un par de bolas de nieve de manera improvisada a algún conocido, y que te las devuelva tras un despiste. Dejar de sentir las manos por el frío. Contemplar a la gente feliz por las calles mientras juegan con tan blanco regalo. Bajar hasta La Villa a ver a mis abuelos, andando y mientras el humo de las chimeneas de las casas viejas, impregna de blanco el horizonte y me regala una cálida sensación a leña.
Cae la noche y ya en casa, desde la ventana del salón los cuatro contemplamos como caen los copos de nieve tras la ventana, mientras las luces del árbol iluminan intermitentemente, suena "silent night" y quedamos todos sonrientes y contentos. Es prueba de que la Navidad, ha llegado también a Buitrago...