domingo, 10 de febrero de 2013

El malestar de las urracas

Entre los cantos uniformes de los pajarillos que se esconden en los matorrales, ajenos al mal, aparece el canto macabro de la urraca, grave, contundente y despreciable como el que más. Surge, como una conversación incómoda de pareja, sacada en un momento ideal, rompiendo la excelente tónica del momento, rompiendo las sonrisas y creando desconfianza, tiñendo el cielo de un color gris tormenta. 

Maldito carroñero volador. Entras sin ser invitado a todas las fiestas y acechas con tu canto irritante. Menos mal que la cordura pone líneas a la vida, y no son tan fáciles de burla. Sabes que la firmeza de un sentimiento vale más, mucho más, pero aún así lo intentas corromper, anudándolo, como si fuera material olvidado.  Te guste o no, nunca serás un ave noble, de casta firme, de única presencia, e incorruptible, pues la casta no se gana solo con el color de las plumas, hay que saber cantar, y volar sin igual.