Hoy recorreremos kilómetros, maletas al coche, que nos vamos. El asfalto es fuego saliendo un viernes de Madrid a las 15:00 por la A-3. A mitad de camino, Rock&Gol nos deleita con una genial "Bye, Bye Miss American Pie" cantada por un tal Dylan. Primeras pisadas en la arena de la costa, la arena, al igual que el negro asfalto de Madrid, parece fuego, y corremos hacia la orilla mientras la brisa sacude nuestras ansias, y el olor de la costa nos confirma que estamos de vacaciones. Picamos la sombrilla como si fuéramos del 2º batallón del 28 de Marines izando la bandera en Iwo Jima. !Qué diría Michael Strank si pudiera leer esto!
El mar nos adopta como parte de su fauna y nadamos para relajarnos. Poco a poco cesa el calor, y con el recogemos la tarde para preparar la noche. Tras una ducha desparasitaria de arenas salvajes, la ventana es mi aliada, y refresca mi faz con la brisa marina, mientras aun permanecen algunas gotas de agua en mi brazo. Las luces se apoderan de la costa y la noche engrasa motores.
Bandejas de "pescaito frito" y marisco desfilan por nuestras fauces, mientras entre risas e historias esto empieza a funcionar. Complicidad entre sexos, más risas. Estés donde estés, si viajas con Arandinos, vino de la Ribera beberás allá donde vayas, no es discutible. Bien está.
La noche crea la magia, un alto en el castillo, una copa para relajar el paladar, un paseo, charlar. Todo pasa mejor entre amigos. Llegamos a lo más alto del mirador, te abrazo por detrás y enciendo un cigarrillo. A lo lejos, las luces tiritan en forma de barcos, no se ve el mar pero se escucha romper con furia contra las rocas, callo para no estropear el momento y beso tu mejilla, difrútalo...