domingo, 5 de junio de 2011

El pez y el gatillo...

Sentir la suavidad de un gatillo, la veracidad de un bebé al nacer, el mayor cansancio existente, tumbarte sobre la hierba alta y volar. Hacerle de rabiar a los gatos, crecer queriendo conservar recuerdos, batallas que aún suenan de vez en cuando en boca de mi abuelo. Lágrimas que dejamos caer "porque sí", y da igual.

El futuro truncado sin darnos cuenta, la sencillez del campo, el amor por una chica y sus malos tragos, un bar escondido con luces de neón en la puerta, dar un paseo al perro y dejar el reloj en casa. Botines de cuero y pitillera enfundada. Trenes y aviones que se abandonan Madrid, sueños que vuelan en una maleta.

Lluvia que cae sin mirar, amistades que conservar mejor que el oro, y otras que recogerá el chatarrero. Besos que se quedaron escondidos en mi memoria de por vida. El tacto de ti, de tu piel, enloquece al mejor de los  psiquiatras. Sensaciones que viajan en el mismo vagón, y peces que se mueren en el rompeolas golpeados contra las rocas...