Salgo del trabajo como un cohete rumbo a tu casa para verte, te montas en el coche y me regalas un beso, lo más dulce del día, genial, ya lo noto. No te digo lo guapa que eres nena, ya lo sabes. Me sonríes, bienestar interior repentino por mi parte. Bajo un poco el volumen de la narración de Garrido en la SER, discutiendo por saber a qué equipo se irá nuestro Kun, y te pregunto qué tal te ha ido el día. Mientras salimos de Madrid escucho tus anécdotas...
Yo todo bien, ya sabes, un día más en el trabajo, pero tenía ya ganas de verte (...) No te sonrojes, es cierto. Dan las 20:00 en el reloj y suenan en la radio los pitidos de la hora, ya estamos llegando al restaurante, últimas historias de la tarde, aunque ya sabes que siempre me reservo lo mejor para la cena, me gusta hacerme de rogar. Sí, ya se que siempre me hago el interesante, pero tengo complejo de Clack, y creo que no hay solución aparente, pero sé que te gusta que le levante la ceja, no me mientas...
Me ha encantado cenar de nuevo contigo, siempre acabas riéndote de lo que te cuento y eso me encanta, verte reír es algo grato. Ya en en coche de camino a casa, en la carretera, me dices que estás cansada y noto como se te cierran los ojos. Mientras conduzco acaricias mi cuello con tu mano, y eso es peligroso, pero descuida, lo tengo controlado. Deja que te levante la ceja una vez más...
