viernes, 25 de febrero de 2011

Los túneles de Guadarrama... II

Siendo aún miércoles, nos ponemos en marcha una vez salgo del trabajo. Maletas al coche, y dirección Salamanca. Poco a poco, abandonamos el extrarradio olvidado de Madrid, mientras mediante un vistazo rápido al retrovisor, hago un intento de localizar una vez más TorreEspaña, antes de perder la ciudad en el horizonte...

Poco después, pasamos por Guadarrama, y atravesamos sus túneles que tanta magia me despiertan. Mientras, la radio se entrecorta y Rock&Gol deja de escucharse, acto seguido quedamos absorbidos por la oscuridad e inmensidad de esos 3,2 kilómetros de fantasía. Por sí solos, son un viaje, no hacen falta otros destinos.

Ya en Salamanca, el Río Tormes se muestra majestuoso, a la orilla de la ciudad, alimentando las higueras de la rivera. Aparcamos, y subimos a la habitación (como de costumbre, la 109), y tas la ventana, nos encontramos grandes parajes verdes y coloridos que, no se muestran ociosos. Paseando por Salamanca, las vistas desde la catedral, ensanchan el alma, ver el patio de la casa de Unamuno, y la higuera que veía desde su ventana, en ella se inspiraba en alguno de sus poemas. Una cerveza en la plaza mayor mientras el sol dora nuestros rostros, la búsqueda de la rana en la fachada de la universidad, los muros pintados con colores, una vieja exposición de automóviles de época, la casa de las conchas, y jardines escondidos donde anónimos personajes entrelazan sus dedos con las cuerdas de sus guitarras, haciendo de unos acordes tristes, un poema al oído mientras paseamos juntos...

Por la noche, casi de madrugada, y mientras de fondo escuchamos a Enrique González, fumo un cigarrillo en la ventana. La densa niebla ha caído, puedo empaparme del aroma urbano y hay que alzar mucho el cuello para alcanzar ver el cielo, tú yaces en la cama, tumbada, no sé si contemplándome mientras fumo, o si ya te has dormido. Cierro la ventana y me acerco a ti, te abrazo, y el reloj, empieza su carrera por amanecer.

Mientras nos ponemos en marcha para regresar, recuerdo que no dije a nadie, que en mi ausencia cuidase de Madrid. Supongo que se sabrá cuidar bien sola. Poco a poco, cae la media tarde, los rayos de sol ayudan a empujar el coche por la carretera, en la radio se escucha Zalamera, bajo un poco el volumen, mientras noto que me miras como queriendo invadir mi pensamiento. Finalmente, y tras pasar de nuevo Guadarrama y sus túneles, allí está, la ciudad, el mito, la reina y hogar, Madrid.