No ha pasado tanto tiempo, no tanto quizás como el que yo desee que pase entre tu y yo, pero me ha servido. Sabes, me he empezado a dar cuenta de cosas simples, cosas que llenan huecos difíciles en los días que corren. No me sobra tanto tiempo en un par de días, para decirte lo mucho que te quiero. Una habitación en medio del Valle del Jerte nos oculta de la rutina, mientras, tu cuerpo se me antoja. Entre nosotros, seguimos atando cabos, y disfrutamos de la estancia. Salgo a la terraza, y mientras bebo un vaso de agua fresca, contemplo el enorme paisaje, y los intensos colores del otoño me obligan a abrocharme los últimos botones de la camisa. Descansado, a gusto contigo, cierro los ojos y desconecto, mientras desde el baño me preguntas si ya estoy listo. Cogemos el coche, y pasando por Navaconcejo llegamos a Plasencia...
La ciudad, nos regala una noche clara y sencilla, con ganas de que disfrutemos y sea inolvidable. Un paseo por las calles de Plasencia junto a dos enamorados, que nos acompañan esta noche. Cada momento que pasa, lo empezamos a añorar, y los cuatro reímos mientras las historias brotan sobre la mesa. El sol interrumpe nuestros sueños de madrugada, y sin quererlo, el desayuno nos sorprende sobre la mesa. El día se agota, y el tiempo parece jugar a nuestra contra. Es hora de volver a casa, aquí, dejamos todo por añorar. Por la A-5 la noche cae mientras conduzco y "El Boss" de fondo nos ayuda a continuar. Un café en un bar de carretera aviva nuestra conversación. Tras unas horas, a lo lejos, carteles con dirección Madrid nos inundan, y sin quererlo, la Av. de la Ilustración nos da las buenas noches una vez más...