Hoy en la habitación el aire esta cargado, el aroma viciado, y es que, lo que anoche era ilusión, se ha convertido en decepción. Noticias poco sensatas tuyas me dicen que no te vuelva a llamar "que has vuelto con ese tal...". Temblores en mis manos y confusión en mi cabeza, no entiendo nada... Vuelvo a leer tu mensaje una y otra vez, pero no consigo encajar tus palabras, tus golpes... Y mientras lo leo, sigo sin creérmelo, es tan surrealista. ¿Qué hay del otro día? ¿Qué hay de lo que hablamos? ¿Y de aquello que me dijiste cuando te acompañé a casa? ¿ Qué hay de mi? ¿Qué hay de mi ilusión y mis sentimientos? Todos rotos...
La ilusión en ir a buscarte al trabajo, el piso 10 de aquel edificio donde compartimos besos, el tiempo que he gastado en ti, perdiendo quizás otras cosas, ilusiones, incluso el rato que hable de ti con un amigo mientras bebíamos cerveza, los cigarros que fumé imaginándome escenas contigo, el rato por Madrid, la cafetería, el taxi... Será difícil que imagines lo que sentí mirándote a los ojos, difícil, como se me está haciendo a mi hoy el día. Un último mensaje, ya no sé si de cortesía o de redención, se que te ha llegado, léelo y creételo. Ahora que sé que todo fue mentira. Nada más que una marioneta, eso es lo que fui, elegido para pasar el rato contigo y para que no llorases con rabia, tirada sobre tu almohada... elegido para hacerte reír y soñar, en fin, tenerte ocupada mientras te decidías de nuevo por otro hombre... Las cosas no se hacen así, sabes; engañar está mal; y duele...
