Paso hoy una página más en el calendario, y no me asusto al hacerlo. Voy haciéndome mayor, envejeciendo que dicen también y de momento con gusto, disfruto de lo que he hecho recordándolo con el cariño que merece, y me siento bien en este instante, con la convicción de estar a gusto conmigo mismo. Siempre hay cosas que uno cambiaría a toro pasado, pero quizás hoy no sería hoy si eso cambiara. Me gustaría ahora dedicaros unas líneas...
A mis amigos, quiero recordarles que son estupendos. Aún recuerdo cuando estudiando en la misma clase en Peñalta, íbamos por la tarde a dar vueltas por Buitrago, chicos y chicas en grupos diferentes, e intentábamos juntarnos sin resultado, los primeros romances, las largas tiradas en bicicleta, perdidos por los caminos de la sierra pelándonos las rodillas, las patatas con caldo, que no podían faltar, deambular por el pueblo hasta haber recorrido todos los rincones... ¿Y ahora? Ahora tengo el orgullo de decir que somos los mismos, que seguimos juntos, y que el tiempo no hace mella en nuestra amistad. Sois tan valiosos que os necesitaré siempre a mi lado.
A mi familia, tengo que quereros más, pues no sé como expresar lo cálido que me siento con todos, padres, tíos, primos, abuelos... No me falta nada, y lo tengo todo con vosotros. Siempre juntos, sonriendo. Os tengo siempre a disposición cuando os necesito y aunque a diario no lo verbalizo, sé que os lo hago saber. Sois unas personas maravillosas, y vivo el día a día con la dura responsabilidad de ser tan buena persona como vosotros. Especial mención para papá y mamá que no tendré nunca suficiente tiempo en esta vida como para entender cuánto me queréis y cuánto daríais por mi. Me emociono al pensar en vuestro cariño, y eso que me lo dais a diario, ojalá que cuando me miréis veáis el resultado de la mezcla de vuestra pasión y vuestros valores como personas, ojalá orgullo.
A mi mujer, quiero recordarla que es mi libertad. Que con ella soy y siento la vida, que me ha traído esperanza, ejemplo de superación, me da paciencia y me enseña a amar cada día. No querría ser quien soy hoy sin ti, y bendigo cada día aquella noche en Manjirón en la que te conocí. Has sido y serás mi antídoto a tu veneno. He sentido tanto y tan fuerte contigo, que he conocido el placer de amar, de la emoción de escribirte, y de mirarte. Tener tu ternura es el motor que día a día me empuja, y me hace sentirme realizado. Amarte es placer, y quiero hacerlo siempre, "hasta viejitos". Gracias por ser una persona tan maravillosa.
Por último, mencionarte a ti querido abuelo, que aunque ya no nos acompañes en la vida, un poquito de ti, vive en cada uno de nosotros. Te recuerdo mucho y te añoro más, qué falta le hace a esta vida alguien como tú. Tu recuerdo me invade especialmente en invierno, al montar el Belén Viviente, y oler el serrín de la carpintería. Ese olor siempre será tuyo, y tus recuerdos míos para siempre. Algún día nos volveremos a ver, y jugaremos esa partida pendiente.
