martes, 24 de octubre de 2017

EL ARROYO Y EL ÁLAMO TEMBLÓN

Despertar cada mañana con el frío, que adelanta la entrada de la escarcha, disfrutar de un café recién silbado frente a los pájaros, entendiendo sus movimientos, y dejar que me beses cariñosamente en la mejilla, queriendo despertarme poco a poco para empezar un nuevo día juntos. 

El sol empieza a rebotar entre cristales, y clarea el cielo lentamente. No he dejado de pensar en la boda, tengo el recuero aún tan vivo, que no quiero dejar de sentirlo. Nos hemos entendido como se entienden los álamos con los arroyos, estando cerca, protegiendo y cuidando cada día. Verte vestida de blanco me desarmó, y sentí que todo lo bueno me estaba sucediendo en ese mismo momento. Eres fascinante, y no dejarás de serlo nunca. 

Atrás quedaron los tiempos en los que te escribía por vocación, y he pasado a hacerlo por pasión, que es lo que de verdad me despiertas al mirarte. No entiendo de vivir con rabia, ni de abandonar la luchas a las que nos queramos enfrentar. Vamos a enfrascar los momentos y recordar siempre que somos el camino para todos los destinos, somos vida, arcilla y viento.

Vamos a entender de abrazos, de paisajes y de grutas donde encontremos pequeños tesoros ocultos. Vida compartida y construida día a día, entendida como una aventura que será batida con sentimientos, defendida hasta el último suspiro y disfrutada hasta la última sonrisa.