Esta madrugada de camino a la oficina lo he decidido, sí, definitivamente. No quiero. Eres preciosa, no hay otra como tú, ni tampoco encontraré a otra que ni siquiera pueda parecerse a ti. Por tus arterias me he perdido en tus noches, he vivido las mejores historias que podré contar jamás en tus calles y esquinas. Has dejado que tu magia empapara mi historia personal, y fuiste delicada conmigo cuando lo necesité. Siempre me has puesto las cosas fáciles, y por todo eso, siempre te guardaré un trono en el altar más noble de mis recuerdos.
Desde hoy, quiero que seamos enemigos íntimos. Tú y yo. Tenemos que seguir queriéndonos, pero nuestra relación tiene que distanciarse, lo necesito así. Prometo tratarte con cariño, nos veremos de cuando en cuando, y nos seguiremos guiñando el ojo cuando nos crucemos. Te visitaré alguna noche, pero no te extrañes si no me quedo a dormir. Nos querremos sin tocarnos, aunque podamos recordar el tacto de nuestras carnes, y seamos capaces de recordar nuestros olores corporales, ya extintos.
Lo siento Madrid. Me han hecho un butrón en el pecho, y se han llevado mi corazón. Un hada lo ha escondido en el bosque, y duerme arropada junto a él para no pasar frío en las noches de invierno. Nada de lo que yo quiero está ya aquí, y todo está a su lado. De ahora en adelante, enlazaré kilómetros en mis tobillos, plantaré brezo para revivir los márgenes de mi camino, y no dejaré que mi destino lo guíe un canon, ni ningún otro criterio comúnmente asumido. Yo seré mi guía espiritual, aceptaré mis fracasos y sudaré mis logros.
Mi aventura ya ha comenzado, ya he puesto rumbo al norte. Evidentemente, como gato que soy, no puedo conducir, o sea que llevo a una buena consejera de copiloto; La felicidad, aunque va vestida de locura. Lo que más deseo ahora es que ese hada haya escondido tan bien mi corazón, que no sea capaz de encontrarlo jamás, quiero que mi vida entera sea una búsqueda imparable, una persecución emocionante hacia el calor de su sonrisa.
