lunes, 22 de febrero de 2016

TÚ Y TUS 3 PALOMAS

Hoy, he subido la persiana del salón como algunas mañanas. Como es habitual, el grupo de palomas que duermen en el tejado de enfrente se ha desperezado un poco con el ruido. Me miraban confusas, aunque todas las mañanas se exponen a la misma experiencia.

Tras tomar el café juntos, te has marchado a trabajar entre besos y bostezos, mientras los primeros rayos de sol empezaban a derretir el hielo de las tejas más altas. Avanzaba el reloj, para completar ese minuto desde que cierras la puerta, hasta que arranco a reaccionar, y me he quedado mirando por la ventana, observando esas palomas arullar, y dar los primeros pasos del día.

No soy capaz de ir a Buitrago y no verte tomando "una clarita" en la Taberna de La Villa, o paseando por la Coracha, mirando hacia el otro lado del río, mientas saludas a la gente al pasar, y regalas un chiste a cualquiera que se acerque a ti. No podré quitarme el olor a serrín de la cabeza jamas, ni olvidar tantos recuerdos. Tus caramelos y "chiques", los juegos para que adivinara en qué mano los guardabas, todos y cada uno de los refranes y acertijos que me contabas siempre con ilusión, tu ímpetu por que comiera cebolla y olivas de la ensalada, tus collejas, la forma en la que te quedabas dormido en el sofá después de las comidas familiares, la fama de tramposo al mus que tenías y otras mil cosas que no escribiré, pero que llevaré siempre presente en cada sonrisa. Gracias abuelo.