viernes, 24 de julio de 2015

TODO ESO PASA

Madrid apaga las luces, el sol se acurruca en la cama, y a la luna la levanta el despertador. Caen los cierres de las tiendas de barrio, abren los bares, dispuestos a acoger las historias de los clientes. Las calles se calman, respiran las aceras, y las farolas fundidas iluminan las calles desiertas. Los disléxicos siguen confundiéndose, y los coches lejos de las oficinas recorren las carreteras en busca de pasiones, inundando con vaho un cielo en el que sólo late una estrella. Todo eso pasa en la ciudad.

Los árboles se atenúan y calman el vibrar de sus hojas. El viento ya no entorpece a los pájaros al posarse en las ramas, los pequeños seres del bosque desperezan y se iluminan. Las luciérnagas, celosas del cielo, suben a las puntas del trigo a estrellar los campos, las brisas de aire fresco se despegan del suelo, y se dejan llevar por los arroyos. Entre los helechos, las hadas abren los ojos lentamente, comienzan a estirar sus frágiles alas, recogen su pelo en un moño, y como veloces comentas ponen rumbo a la ciudad en forma de tentaciones, dispuestas a romper con la intimidad más absurda. Todo eso pasa en el bosque.

Llueven claveles blancos, retuerzo mi destino hasta hacerlo gritar de dolor, despego letras de las paredes, vivo momentos que el miedo sólo me había dejado soñar, aprieto los dientes, y agarro del cuello a mis demonios. La piel se me eriza y cambio trajes por sensaciones vivas. Como humano, también disfruto de la sensación de soltar lágrimas, pero mi sonrisa las apuñala antes de que caigan al suelo. Abro por las noches la ventana, y dejo que se cuele la tentación. Todo eso pasa en mi.