martes, 28 de abril de 2015

LAS BARCAS DEL RETIRO

Se deshace el sol por ir colando rayos de luz entre callejuelas y edificios acristalados, la gente sale de las oficinas con ganas de gintonic, y los abuelos pasean por la acera, entorpeciendo con su marcha aletargada a los viandantes. La acera se ensancha a medida que las calles van citando a nobles personalidades en sus esquinas, ya no hay baldosas sueltas en el suelo.

Paseo, disfrutando de la calle, sin prisa, y observando sonrisas y caras largas, pues parece que la tarde no es la misma para todos. Me quito la chaqueta, que ya molesta, y dejo que la brisa que corre me refresque al andar. Ya casi estoy llegando y aún ni lo sabía.

Fortuitamente el reloj ha querido que divisara el Retiro, y cierto es que hacía tiempo que no lo disfrutaba andando. A la orilla del lago, un trozo de escalera llevaba mi nombre tallado. Me siento y disfruto de esos rayos de luz que aun aguantan, ya tardíos, pero agradables. Las barcas revolotean en el agua, y la calma permite escuchar a los vencejos chillar a lo lejos, que ya están aquí un año más haciendo de las suyas, e igual ni te habías dado cuenta.