lunes, 20 de octubre de 2014

QUEHACERCES DE UN ARÁCNIDO

No quiero que esto se convierta en una "crónica de una muerte anunciada", aún con todos mis respetos a Márquez. No lo quiero, simplemente porque no hay necesidad de que sea así, nadie lo desea. Bien es cierto que las cosas han cambiado, que calentamos muy rápido el hierro, y luego quisimos enfriarlo metiéndolo directamente en agua helada, y así es como más sufre. El hierro templa, y se hace noble dejándolo enfriar lentamente, golpeándolo sobre el yunque, hasta moldear la figura deseada, y he aquí donde hemos errado. 

Hoy, tras volver a tener de nuevo contigo la misma conversación, le he dado un par de vueltas más de lo que ya puede ser habitual, ¿Cómo no hacerlo? Estaba sentado en el banco del jardín, fumando un cigarrillo antes de marchar a Madrid, mientras miraba cómo las arañas arreglaban su tela bajo la luz de la puerta, preparándola para la captura del día siguiente, aprovechando la noche, para pronto volver a atrapar sus presas. Dubitativo, la curiosidad me invitaba a compararme con el arácnido. ¿Debo a caso concienciar mi forma de actuar? ¿Debo volver a ser yo?  ¿Por qué he dejado de serlo, y quién soy ahora? ¿Debo modificarme esta misma noche? ¿Cómo lo hago? ¿Servirá de algo? ¿Sólo debo hacerlo yo? A ver quién es el valiente que elije pregunta...

Jamás pensé que cambiaría, que este tipo de quehaceres se me cruzarían en el camino, y mucho menos que tuviera que afrontarlos. Me sorprendo a mi mismo. Qué cosas.