lunes, 24 de marzo de 2014

LA TARDE DEL VIERNES

Acaba la jornada y emocionado, cojo el coche para ir a buscarte. Conduzco hasta tu barrio, con las gafas de rock puestas, y escuchando un álbum del 78, con la ventanilla bajada, y ganas de encenderme un cigarrillo. Una leve brisa se cuela entre los árboles de La Castellana, y una vez mas me pilla en ámbar el semáforo del tercer cruce. La tarde apremia, y te pones guapa para el concierto de esta noche, mientras indecisa me preguntas por lo elegante del conjunto que llevas puesto. Bien sabes que no podré responderte con fiabilidad, pero si quieres mi opinión, tuya es.

Sobre el escenario, Enrique González Morales, y tú y yo sentados en el 21 y 23 de la platea preferente. Se atenúan las luces, y los besos suenan en la oscuridad. Te acerco mi mano para que me entrecruces tus dedos con la primera canción, que seguro será especial. Dos horas largas de sexo musical para los oídos, culminados por 4 minutos 30 segundos de "polvo en el aire". Al salir, lío un cigarrillo, mientras nos abrigamos del frío en la puerta del auditorio, y me miras con carilla sonriente mientras te acercas a mi y metes tus manos en los bolsillos de mi abrigo.