martes, 14 de enero de 2014

Tortilla de patata

Como si de un día normal se tratara, me levanté a las 06:45, me duché sin prisa, me puse la camisa verde a rayas, baje al garaje y arranqué el coche, acto seguido conduje por la M-30 hasta el trabajo. Una vez aparcado, fui a ver a Luis, quien sin mediar palabra me sirvió mi café solo, con una tosta de tortilla de patata.

Subí al trabajo como de costumbre, ordenador, teléfono, algunos e-mails y algún cigarillo entre horas. Como tenía examen, debía salir antes. Volví a bajar a ver a Luis, quien esta vez me sirvió una tónica schweppes y preparó un bocadillo de tortilla de patata con pimientos, como la vez anterior, la del primer examen. -¡Nos vemos mañana Luis! Conduje hasta Cuatro Vientos, donde iba buscando el mismo aparcamiento que la vez anterior, a ver si con un poco de suerte lo cazaba.

Finalmente, lo logré, en el mismo sitio. Ya con el coche parado, desenfundé el bocadillo mientras observaba como aquel viejecito aparecía y se sentaba sobre el mismo banco, igual que aquel día. Era él, y se sentó exactamente en el mismo lado del banco. Como para no creérselo. Ambos nos cruzamos la mirada, casi como conocíendonos, pues ambos sabíamos que nos habíamos visto en las mismas con anterioridad. Al poco, se levantó y se fue por el mismo sitio de siempre...

Para no perder la costumbre, entré a tomarme un café en el mesón toledano, fiel seguidor del Atlético de Madrid, y para quitar el sabor de boca, un chupito de crema de orujo. 2,20€ tenían la culpa. Saldada la deuda, y hecho el examen, solo me queda, saber el resultado. El miércoles, quizá se repita la historia.