Una amistad forjada apagando incendios, un viaje preparado con espontaneidad, un alto en el camino, nos dirigimos a vivir un fin de semana más en nuestras increíbles vidas. Risas y recuerdos de viejas aventuras en el coche, que buenos momentos. El espíritu de la libertad, nos adueñamos de la carretera, a lo lejos dejamos "el otro mundo aparcado". Largas carreteras, y pequeñas casas abandonadas en grandes descampados sembrados. A lo lejos te divisamos con entusiasmo, Salamanca...
Tras dejar las maletas, baños de cerveza por tus calles, tus rincones, tus torres y tu historia. Nos apasiona el simple hecho de vivirte. Tu noche nos regala risas, buen ambiente, chicas bonitas paseando por las calles y un sentimiento en el cuerpo que quizás ya lo hayas vivido, y sabrás que es muy difícil de explicar, creo que lo hacen llamar felicidad.
Risas de chicas en los pasillos del hotel, tacones que taladran nuestras emociones. Trasiego de risas entre habitaciones, una nota se cuela por nuestra puerta, que curiosamente nos abre la vuestra... La noche acaba entre risas, unas copas de Bayleis, luces apagadas y abrazos. Quique solía coronar estos momentos con una canción: "Cuando éramos reyes..."
Tras la despedida, el sol rebota en la catedral salmantina, y el domingo tardío nos empuja a volvemos a casa. De nuevo en la carretera risas, comentamos jugadas y recuerdos. La carretera nos regala un puntito melancólico y lo aceptamos con grandeza. Tras un rato de silencio vemos Madrid, allí está, a lo lejos, con los brazos abiertos, como siempre. Qué gran lugar para volver. Justo antes de llegar a los túneles de Guadarrama recuerdo querer escribirte, recuerdo recordarte. Ya en Madrid el metro me deja con cariño en La Elipa, y subo Marqués de Corbera despacio, meditando en mí y dedicándome tiempo...
