martes, 13 de abril de 2010

Amargo como el café, suave como el tabaco...

Extraño como una película en versión original, arriesgado como un beso en un coche. Indeciso, tanto como cogerte la mano mientras paseamos. Cuidadosa, la forma que tienes de pedirme que prepare café, inesperadas, las luces azules al salir de una rotonda de madrugada. Distraídas, las cinturas de las chicas del drugstore, afinadas, como las cuerdas de Risi...

Engañado, como cuando escribo sin saber qué sacarás tú de esto, tranquilo mientras conduzco con lluvia. Recuerdo haber agarrado cinturas por estas calles, y engrandezco al recordarlo. El deseo de poder hablarte con sinceridad a la cara, y que no sirviera de nada. Tu mirada fijada en mí, mientras te decía aquello en la farola de esa plaza tan transitada, el aire te descolocaba el flequillo en los ojos, y eso me hacía enmudecer mientras lo retirabas suavemente con tus manos... Nunca sabrás qué sentí, y eso de alguna manera hace de mí un tipo peculiar.