Llego a casa, pongo música (The Doors) me quito sin piedad la camisa y la tiro al sofá... directo a la nevera, saco una Coronita y dejo de pensar, ahora sí, con una cerveza entre manos todo se ve mucho más claro, abro la ventana; por aquí en Madrid ya es de noche, me siento bajo ella y decido escribir algo. Historias que se repiten en mí, siempre. ¿Por qué? Es la pregunta. Sabes, prefiero no contestarla... el tiempo reparte guantazos a todos, y hoy me ha señalado a mi. Cuesta entender el sentido de muchas de las cosas que me pasan, son esas sensaciones bañadas en melodías, canciones de un violinista en el metro de Nuevos Ministerios de madrugada... esquinas en la plaza de San Juan, el barrio de Artilleros, áticos en Alcalá con vistas al Retiro, carreteras con luces de emergencia y coches con la luz encendida... Casi para perder el conocimiento...
Palabras que me dices, y parecen revolver viejas historias, cohíbes mis jugadas. Será que siempre pienso igual, siempre la misma jugada, pues nadie me enseño a jugar con los ases... Digo continuamente que gano en las distancias cortas, y lo conservo, pero esta vez me quitaron el 4, mi carta maestra. Te has sacado el as de la manga, no me lo esperaba. Como siempre las sotas, las putas. El sábado, quizás, te encontraste con él, y cómo no, estropeo mi jugada... Con cara indiferente, y mirada fija, vuelvo a mirar por la ventana de la cocina, ahí abajo la gente regresa a casa, y los taxis queman Marqués de Corbera. Poco le queda ya a la Coronita, y mis ganas de seguir jugando escasean, decide bien la siguiente carta, pues me falta un 4 para hacer escalera y mandarlo todo a la mierda...
