El minutero estropeado marcó las 22:00 sin sacar el cuco de su escondrijo. A todo esto, la ciudad respiraba tranquila, es noche de paz. La gente revolotea por las casas entre besos, abrazos y sonrisas. Por la calle corren alocadas las ilusiones de cada uno de nosotros, sin rumbo, van chocando contra paredes y aceras... Todas son diferentes, volver a ver a esa chica, saber cuándo, y qué os diréis cuando llegue el momento. Otros simplemente se cuestionan sobre lo que harán esta noche, las faldas que les esperan y los labios de estraperlo que enmudecerán la madrugada mientras la luna los acogerá guardados en coches de arcenes olvidados, y a lo lejos, perros callejeros ahuyentarán el frío. Tras la ventana, las ramas de los árboles se descascarillan cruelmente con el viento. Y alguna de esas chicas, quizás, se esté preguntando por ti ahora mismo, aquello de "¿Qué andarás haciendo ahora?" Y antes de que la imaginación dé que pensar, la realidad la pegará un bofetón devolviéndola a la realidad.
Yo seré de esos de los que piense en ella esta noche (aunque a mi me dan igual los bofetones de la realidad), beberé en un viejo bar un wiskie "on the rocks" (gracias Diego) y miraré un ratito por la ventana. Dicen que los clásicos nunca mueren (es cierto, somos duros) pero no eternos. Siempre dije que los momentos que viví contigo fueron como tomas falsas de una vieja película de los 60. Yo siempre encendía un cigarrillo, y tú te echabas a andar, alejándote, mientras llovía... pero nunca volvías a besarme, sólo te ibas...
